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jueves, 17 de julio de 2008

Destacamos

El blog y la muerte

México, DF. Julio 16.- La noticia dio la vuelta al mundo y le dio a una amable anciana australiana fama por última vez: Olive Riley, presuntamente la bloguera de mayor edad en el mundo, falleció el 12 de julio de 2008. Su bitácora en línea, The Life of Riley, fue el espacio en el que la dama volcó numerosos recuerdo que fue recolectando a lo largo de sus 108 años, en los que le tocó sobrevivir a todo el siglo XX y ser testigo de eventos que para muchos sólo existen en los libros de historia, como ambas Guerras Mundiales.
Su blog, término con el que se le conoce a los diarios en línea, comenzó en febrero del 2007 como una manera de hacer crónica de las conversaciones entre Olive Riley y Mike Rubbo, quien realizó un documental sobre Olive llamado All About Olive (Todo sobre Olive). Rubbo transcribía estas conversaciones, que alternaban entre opiniones de Riley sobre temas actuales y el recorrido a través de sus numerosos recuerdos. Pese a que existen blogs más longevos que el de Olive, que cuenta con setenta entradas (mas dos póstumas escritas por Rubbo) y poco más de un año de edad, The Life of Riley llamó la atención por ser el foro a través del cual una lúcida mente de más de cien años de edad se comunicaba con el resto del mundo.
Con el fallecimiento de Olive Riley, la "corona" del bloguero más longevo regresa a María Amelia, española de 96 años, quien con su blog A mis 95, iniciado en diciembre del 2006, acaparó los reflectores como la autora de blog más anciana del mundo. El nacimiento de The Life of Riley produjo un amable intercambio entre ambas damas, en el que María Amelia manifestaba gusto por encontrar en la red a una compañera diarista de la tercera edad: "A esta señora de tantos años le digo que me alegro mucho que otras viejas como yo se pongan con el Internet y que haga propaganda de que todo el mundo coja el Internet. Tendrá amigas, buenos consejos y tendrá felicidad, que a nuestra edad ya sabe que es muy difícil."
Muchas personas quizá se sorprendan de que personas de edad tan avanzada tengan la facilidad o conocimientos necesarios para implementar y actualizar una bitácora en línea. Debe aclararse que María Amelia, al igual que Olive Riley, realmente no se sienta a teclear sus entradas, sino que graba sus recuerdos y pensamientos, y es alguien más quien transcribe la grabación en texto y finalmente lo publica en el blog. En el caso de María Amelia, es su nieto quien alimenta la página (y quien le regaló el blog en su cumpleaños, el muy "cutre") y Mike Rubbo y Eric Shackle, amigos de Olive, actualizaban The Life of Riley. Rubbo llegó a comentar que Olive no hubiera podido usar el teclado ni aunque hubiera querido. De todas maneras, ambas mujeres tuvieron gente en sus vidas que les facilitaron el uso de la tecnología para poder darles una voz en el ciberespacio.
El deceso de Olive Riley atrapa la atención sobre un aspecto poco discutido en la llamada blogósfera: la muerte del autor de blog. Existen miles de blogs "muertos", que no han registrado actualizaciones en meses o años, por falta de interés o de tiempo por parte de sus autores. Quienes saben y desean hacerlo, los eliminan por completo. Otros simplemente los olvidan y su diario se queda congelado en el tiempo, mostrando a visitantes errantes el último capítulo de una historia inconclusa.
La bitácora en línea es un fenómeno principalmente joven, donde el grueso de los autores se encuentran entre adolescentes y treintañeros. Aunque la muerte no discrimina, es todavía poco común encontrar truncada la crónica de un bloggero por causas de tal magnitud, y aún más difícil saber si tal es el caso en un blog abandonado. Un blog del 2003, abandonado y sin comentarios, con una última entrada comentando sobre un hecho trivial, puede hacernos preguntar sobre el destino del autor. Tan es probable que simplemente se aburrió de no tener nada interesante qué contar o de no contar con visitas, como que haya sido víctima de algún accidente fatal.
Existen maneras en las que los blogs pueden comunicar la sensible situación, sin embargo. En el caso de The Life of Riley, quienes se encargaban de actualizar la página ya han colocado mensajes de despedida, y aunque no deseamos que ocurra pronto, probablemente sucederá lo mismo con A mis 95. En otros casos, existe la posibilidad de que los autores hayan compartido la contraseña de ingreso al blog con amigos cercanos, y ellos se encarguen de colocar un mensaje con la desafortunada noticia, o conviertan el blog en un tributo a su autor. También es posible que no haya cambio en las entradas, sino que los visitantes del blog se enteran de la situación por comentarios de amigos y familiares agregados a la última anotación.
Se han reportado casos en los que familiares que saben de la existencia del blog han contactado al servicio de preferencia del autor (Blogger, Livejournal o Wordpress) y explicando la situación se les ha permitido eliminar o modificar la bitácora, después de un riguroso proceso de verificación. De haber sido el autor emprendedor, construyendo su blog fuera de estos esquemas y hospedado de manera independiente, se complica más el asunto, y lo más probable es que el blog desaparezca una vez que expiren los contratos con el proveedor de almacenamiento en línea.
Tanto Blogger como Livejournal, dos de los servicios más populares de creación y almacenamiento de blogs, tienen una política de no monitorear cuentas en busca de inactividad. Blogger incluso advierte a quienes deseen una dirección perteneciente a un blog inactivo que ellos no pueden eliminar o modificar un blog (salvo que contenga contenido ilegal), pues el autor original puede regresar tras una larga ausencia. Esta política asegura que existan miles de blogs varados en el ciberespacio, algunos con una sola entrada, abandonados por aburrimiento o frustración, pero siempre a la espera de que regrese su autor.
Quizá todavía sea demasiado pronto para empezar a discutir tan macabro tema, pero en vista de que actualmente hay millones de personas cuya vida queda grabada en Internet, llegará un momento en el que esta existencia virtual se verá interrumpida, en fiel reflejo a la de su autor. Aunque el recuerdo de estos difuntos permanezca entre sus familiares y amigos, al plasmar nuestras vidas en Internet nos colocamos en una situación en la que eventualmente dejaremos un archivo de recuerdos, desplegando en su portada un momento congelado, a la vista de todos.
De mantener su promesa, y salvo alguna intervención familiar, los servicios de blog se asegurarán de que las bitácoras permanezcan vivas, preservando esa existencia cristalizada, en espera de un autor que no regresará. (De Las Agencias)

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