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viernes, 18 de abril de 2008

Destacamos


El año de la ceniza


Algunos de nuestros antecesores utilizaron un suceso natural como referencia de sus edades o de algún otro hecho.
Un comportamiento de la naturaleza que se dio antes de que este lugar recuperara su categoría de pueblo y cabecera
municipal, y que desde entonces comenzó el desarrollo y las luchas sociales de un pueblo que tiene una gran historia.
Al llegar a 2 meses de difundir lo que se dio en Huixtla, al ser un lugar misterioso, seguimos en la búsqueda de nuestros antecedentes, lo cual es cada vez más impreciso de acertar con lo sucedido en el pasado.
Desde antes de su fundación, no hay información puntualmente y debidamente documentada de los hechos que marcaron el inicio de la ciudad de la piedra, lo que nos lleva a retomar este relato después de 1900.
Aunque, afortunadamente no somos los únicos perdidos en la brújula del tiempo, pues también la gente del siglo pasado tuvo ese problema, y por eso utilizaron un fenómeno natural para situarse en la historia.
Conforme al libro “Huixtla de mis antepasados”, del ilustre personaje de nuestra ciudad, Enrique Soto y Paz, publicado en 1995, narra “El Año de la Ceniza”.
“Como recuerdo los relatos de mi madre cuando la erupción del Volcán Santa María de Guatemala, Centro América, el día 8 de abril de 1902…”, cuatro años antes de que Huixtla recuperara su categoría de pueblo y cabecera municipal, sobre todo con la entrada del Ferrocarril Panamericano.
“…semanas de penumbra arrojando cenizas, el río Huixtla arrastrando árboles, animales muertos y uno que otro cristiano, parecía el fin del mundo, el río “crecido” amenazaba salirse de cauce…”, explica el escritor.
Un escenario similar al que se registró en el 2005 por el Huracán Stan, aunque en esta última ocasión sin movimientos volcánicos.
“…escaseaban los alimentos, las brigadas de hombres exhaustos quitando ceniza de los tejados de las casas para que no se derrumbaran y el temor fundado de una epidemia por la insalubridad reinante, pero lo que en ese momento fue tragedia, después fue benéfico porque la ceniza volcánica fertilizó aún más las tierras del Sonoconusco, aumentando su potencial agrícola”, explica Don Enrique Soto y Paz.
Y este suceso, asegura el personaje, fue tomado por la gente de aquel entonces como referencia para sus edades, y hasta otros hechos importantes, por eso decían: “Nací cuando cayó la ceniza”, o “tal cosa pasó en los años de la ceniza”.
Por eso, algunos antecesores que aún viven, aseguran que lo sufrido por las inundaciones de Octubre del 2005, no fue tan grande como otros desastres naturales como 1988, tanto que sirvieron para situarse en la historia.

Contribuciones
Mientras, Don Enrique Soto y Paz coincidió con el maestro Alberto C. Culebro sobre el origen de Huixtla, aunque dejó otros datos importantes, como que en el año 1075 llegaron los primeros toltecas a Chiapas y a la Península con Quetzalcoatl-Culculcán-Cucumatz, y por eso llamaban a Soconocusco, Onohualco, que significaba país de mucha gente.
Otra aportación, es que en 900 y 1200 años, los mames se establecen en La Sierra, para luego invadir a Soconusco, procedentes de Oriente.
De esta forma, nuestro personaje reconoce que su bisabuelo, Don José María Paz, fundó Huixtla, por lo cual “Huixtla de los Paz, debería de llamarse mi pueblo, por un elemental principio de justicia, sin embargo, como una cruel ironía de la vida, ni una calle lleva el nombre de su fundador”, criticó en su libro.
Y no se equivocó, porque desde aquellos tiempos hasta estas fechas modernas, ninguna autoridad les ha rendido un homenaje a aquellas personas que aportaron para que esta ciudad se ubicara en el escenario estatal y nacional.
Sin embargo, al ser preocupado y ocupado por su lugar de origen, le dedicó a su querido Huixtla un canto, pues nadie la había escrito algo especial al símbolo de este pueblo que es la piedra enclavada en lo mas alto, por eso surge el poema “Piedra de Huixtla”, en 1935.
“Quiero a Huixtla como es: con su río ondulante bordeando las praderas lugareñas, con la alfombra verde de sus bosques, con sus platanares, cafetales, cañaverales y palmeras, con su flora y su fauna, con sus calles angostas y su caserío blanco de tejado rojo de tipo netamente español, con sus edificaciones modernas, con la belleza incomparable de sus mujeres, con el carácter muy firme y decidido de sus hombres, con su enorme piedra monolítica…”, entre otras palabras más que dedicó.
Así fue Don Enrique Soto y Paz, personaje importante que durante su vida le aportó mucho a este lugar, tanto en el aspecto cultura como en lo político, en donde llegó a tener relaciones con los hombres que ostentaron el poder en aquellos ayeres, como el entonces Gobernador Francisco Grajales.
Su libro “Huixtla de mis antepasados”, conformado por 201 páginas, no solo habla de la historia de esta ciudad, sino también de luchas sociales que se dieron al iniciar la modernidad y que han contribuido al desarrollo.
Un desarrollo, que en estos tiempos ha vivido un gravísimo retroceso, por el manejo de las autoridades municipales, particularmente de los estragos que nos dejó el Huracán Stan en el 2005.
En sí, un azote que sufrimos no solo de la naturaleza, sino también de los malos gobernantes que ha tenido Huixtla en sus últimos años, a pesar de ser una ciudad con más de 36 mil habitantes, quienes no cuentan ni con los servicios básicos que les corresponde como ciudadanos.
En esta ocasión, presentamos dos fotografías, prestadas por la Directora de la Casa de la Cultura de Huixtla, Candelaria Imatzu y Manuel Vera Cortés, Auxiliar Técnico: La primera, del kiosco del parque central a principios del Siglo XX, y la segunda, de la carretera al Ingenio, frente a la ahora preparatoria Alberto C. Culebro, de 1970-80. (Investigaciones Especiales/Zona Costa)

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