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jueves, 17 de abril de 2008

Destacamos

El legado del maestro C. Culebro

Quizá como ningún otro personaje de la historia de nuestra ciudad, el maestro Alberto C. Culebro nos dejó para nuestro presente y futuro un legado.
Por lo cual, mereció menciones importantes que lo ubican no solo como uno de los primeros antropólogos chiapanecos, sino también como historiador, y sobre todo nuestro legendario cronista de Huixtla.
En esta segunda entrega de este pequeño homenaje a quien se interesó por nuestras raíces y nuestro pasado, dedicamos el espacio para presentar la herencia que nos dejó este personaje que vino de Comitán.
En el libro “Los primeros antropólogos chiapanecos”, que escribió Carlos Navarrete, se señala la bibliografía de Alberto Culebro, que se dio desde 1937 a 1963.
La primera aportación fue la reseña histórica del Soconusco, que consistió en una breve descripción de la lengua antigua de Huixtla, su leyenda referente a una ocupación quiché, sobre las migraciones, de las historias de la región desde la Colonia hasta la anexión a México.
En 1939, Chiapas prehistórico, Su arqueología, pero en 1936 se hizo una edición de 59 ejemplares mecanografiados, con copias al carbón, en donde dio a conocer la lengua, nomenclatura, tradiciones e importancia de las construcciones antiguas y tipo de arquitectura, así como la cronografía y la aritmética maya, la escultura y la religión en comparación a otros pueblos del mundo, además de clasificación de ruinas chiapanecas, entre otros aspectos.
Para 1944, apareció “Huellas nahoa-toltecas en el Soconusco”, en donde se describe un lote de cerámica azteca, encontradas por medio de excavaciones municipales que se realizaron en el parque central. Y un año después, en 1945, “Antiguo sepulcro de soconuscas”, en donde se narra la ofrenda funeraria de cerámica, posiblemente del clásico temprano, en un montículo de la finca Margaritas.
Ese mismo año, otro libro titulado “Arqueología y numismática en Huixtla, Soconusco”, en donde identifica 2 monedas de plata de 1539 acuñadas en la Casa de Moneda de México, en tiempos del Virrey D. Antonio de Mendoza, encontradas en el centro de la ciudad.
En 1946, aparece “Rueda calendárica especial en el Museo”, que fue un fallido intento de lectura del altar 5 de Toniná. Posteriormente, en 1950, “Chiapas arqueológico”, en donde en forma breve destaca la importancia de la arqueología en el estado y la necesidad de estudiarla y protegerla, pues consideraba que se convertiría en un segundo Egipto.
Ese mismo año, surge “Chiapas y su imponderable riqueza arqueológica costeña”, que es un artículo sobre Izapa, principalmente sobre la estela 2 o “El Aguador”, con identificaciones de signos coptas, fenicios, hebreos y mayas. En 1951, “El Cenote de Comitán”, breve descripción del Pozo Airón, una formación natural entre Comitán y Las Margaritas, con posibilidades de ofrendas en el interior, en donde se cita de lajas que forman un lugar de sacrificios, en la finca Kis-Tai.
A la par, “Significación lingüística de Tzimol”, donde se da a conocer de su fundación e historia, al ser un pueblo que se le asigna filiación tojolobal. Así como también “Hallazgo arqueológico en Huixtla”, que interpreta un hongo de piedra descubierto en la hacienda Cuba, además de mencionar grandes ruinas, platos de cerámica, idolillos y chalchihuites que concentró al Museo de Chiapas.
Y el último de ese año, “Reseña histórica de la ciudad de Huixtla”, que posee información detallada de sitios arqueológicos en los alrededores de este lugar y en el interior de la población, particularmente de hallazgos coloniales, que es considerado como uno de sus mejores trabajos que dejó para la posteridad el maestro Alberto C. Culebro.
Sus últimas aportaciones fueron en 1957 y 1963; el primero “Historia de Chiapas”, con aspectos generales, geográficos e históricos de pueblos desaparecidos y “Las ruinas y nuestro pasado”, descripción fantasiosa de Izapa, en la que identifica edificios y estelas con deidades como la Ceiba; así de mencionar sobre ruinas de Tonalá.
A decir del aficionado de la historia, Manuel de Jesús García Guillen, Don Alberto C. Culebro, entregó varias piezas arqueológicas al museo de Tuxtla Gutiérrez y a otro de México.
En esta ocasión, presentamos un dibujo del maestro y nuestro legendario cronista de la ciudad de la piedra, de los personajes de la estela “de la estación”, Tonalá, 1929. (Investigaciones Especiales/Zona Costa)

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