Angel
Mario Ksheratto
Entre
el estómago y la conciencia
Se
nos está haciendo costumbre no creer a los políticos, sean éstos de la
ideología o partido que sean. Desde que inició la campaña electoral, hemos
seguido cada acción y en todas, no hay una sola variante, nada que distinga a
uno de los demás. Por el contrario, vemos flacas coincidencias que nos hacen
pensar que en efecto, los políticos mexicanos carecen de principios y valores
éticos.
Desde
hace unos días, la confrontación se perfiló desde un par de universidades,
reconocidas por el estatus social de sus estudiantes. Fresas, riquillos, gente
“bien” que se supone, tiene posibilidades económicas para financiarse una
escuela cara. Impensable, años atrás, que apoyaran a un candidato de izquierda
y menos aún, a uno como Manuel Andrés López Obrador, cuyas ideas chocan con los
intereses de las familias de dichos estudiantes.
Como
ya hemos dicho hasta el hartazgo, el elemento que se cruza entre los candidatos
y los seguidores de cada quien, es la intolerancia; ésta se deriva del odio y
no de disensiones ideológicas. Muy distinto es el desacuerdo programático o la
distancia de ideas, a las acciones que conllevan rencores y odios que solo
dividen al país.
Manuel
Andrés ha negado una y otra vez que esté detrás de las movilizaciones contra su
adelantado contrincante, Enrique Peña Nieto. Le creeríamos de no ser porque sus
estrategas, están cometiendo errores de forma notorios. El priísta es recibido
con insultos, rechiflas y empellones. Comete, el equipo de Peña, un error
garrafal: criminalizar las protestas, dando un toque de intolerancia que
después trataron, con poco éxito, recomponer.
En
contraparte, López Obrador es recibido con aplausos, elogios y apapachos. No es
nada malo. Pero la diferencia es acusatoria. Nos muestra que sí, en efecto, las
manos del candidato de las disminuidas izquierdas, están moviendo hilos que no
son un buen augurio.
En
cuanto a los estudiantes, me han hecho
recordar una frase surgida en pleno conflicto armado nicaragüense y que se
refería a la Junta Directiva de la Resistencia cuando ésta “votaba” ciertos
asuntos; por componendas o negocios bajo la mesa, votaban en contra de las
propuestas, pero aplaudían a rabiar a quienes las ponían sobre la mesa. Se decía entonces que
éstos, “votaban con el estómago y aplaudían con la conciencia”. Es similar lo
que vemos en esa gresca hedionda de estudiantes contra un aspirante
presidencial y otro que niega su participación directa.
Si
Manuel Andrés está detrás y lo niega,
miente; si no está y por otro lado aplaude las acciones antisociales contra su
rival, también miente, pero ésta vez, a sí mismo, lo cual es grave para su
intención de gobernar a un país bajo esquemas amorosos, pero con estrategias de
odio. Inverosímil.
El
riesgo detrás de todo el embrollo cuasi violento en que se está tornando la
campaña electoral, de grandes dimensiones. Primero, porque por paradójico que
resulte, es notoria la ausencia de la autoridad electoral para imponer
criterios que garanticen no solo el respeto, sino la integridad física de los
candidatos. El mismo Manuel Andrés tuvo un incidente en el que un hombre armado
se le acercó y le tomó del brazo. Producto sin duda, de lo que anda sembrando.
Lamentable.
Tarjetero
***
¿Campaña de desinformación? Mauricio Gándara Gallardo, expolicía raso durante
la dictadura pablista y actualmente, arrimado sin beneficios de la izquierda a
la que en su momento atacó, de pronto se auto-erigió en víctima de su pobreza
moral. Acusa a los medios de Tapachula de una “campaña de desinformación” de la
que, por supuesto, no presenta una sola prueba, más que sus fallidos intentos
por justificar su ignorancia de las leyes electorales vigentes. En las redes
sociales, el ignoto por sí mismo, despliega mensajes en los que acusa a medios
y periodistas de no publicitar sus blandengues e ilusorias mentiras de campaña.
Nadie está obligado a hacerlo. La ley en ese sentido es clara. En todo caso,
quizá si Gándara Gallardo hubiese recibido un cursillo de educación básica y
general, obligación suya debería ser el pedir favor de hacerlo. Pero no. Ha
preferido abrir las puertas de los medios con acusaciones torpes e insulsas, lo
cual solo le reditúa el cierre de éstas. Conveniente sería que deje la soberbia
entre sus ropas íntimas y acuda a solicitar —como lo haría cualquier hombre
inteligente— el espacio necesario. No lo hace porque sabe que su pasado le
cerró todas las puertas. Abrirlas a insultos, lo único que le genera son
críticas a su absurda pretensión. ¡Ah! Y campaña de “desinformación” es aquella
mediante la cual, se refuta con engaños las virtudes alguien. Gándara Gallardo,
no es un hombre de virtudes. Lo que digan de él es verdad y por tanto, es
información válida. Desinformación es la que él vierte de sí mismo, a sabiendas
que es una mentira. ¿Quedó claro señor “quejitas”? *** Hablando de candidatos
inflados desde la influencia, las campañas a diputados federales y senadores,
no levantan. Si revisamos, casi ninguno figura por ninguna parte. Eso sí, en
las redes sociales, destacan ellos mismos, logros que nadie más ve. Y es que no
hay un solo candidato que valga la pena. Los hay quienes de verdad, dan pena
ajena. Otros que de plano, están destinados al fracaso rotundo. Si hacemos una
revisión de uno por uno, veremos que de todos no se hace ni la mugre de uno. En
fin. Ellos nos representarán. *** El Güero Velasco se inscribió como candidato
a la gubernatura; lo mismo hizo María Elena Orantes, de la dividida izquierda.
El primero hizo un llamado a la unidad de los chiapanecos. La segunda, no se
supo porque mandan los boletines a destiempo y tan escuetos, que no se les
entiende ni papa. *** Por cierto, que el POCH ya tiene candidata. Fue, dicen,
como un concurso de belleza… Pero al
revés. La que juran que ganó, es tan desconocida, que sus estrategas están
pensando en la forma de primero, sacar su acta de nacimiento para que sepan que
por lo menos, nació viva. Para gusto de muchos, debió ganar Lupita de la Cruz
que, me consta, es mujer inteligente, honrada, capaz, sencilla. Se quedó en el
camino, la semidiosecita Marvin Lorena, a quien siguen acusando de malos manejos
en el CONECULTA. A ver si la investigan a fondo. *** Luego nos leemos.
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