Angel Mario Ksheratto
Carnicería Regional
Aunque la mayoría lo conoce como “Hospital Regional”, los pacientes que han tenido el infortunio de caer en ése lugar le llaman “Carnicería Regional”, debido al mal trato del que son objeto por parte de médicos y enfermeras, cuya deshumanización toca claramente los extremos de la criminalidad, sin que ninguna autoridad intervenga para por fin, dar trato digno y humano a los pacientes. Rosalía (el nombre real ha sido cambiado para protegerla de posibles represalias) llegó al Hospital Regional de Tuxtla Gutiérrez a consecuencia de un fuerte dolor estomacal y afectada de una posible colitis nerviosa. La primer noche la pasó sentada en una desvencijada silla en los pasillos del nosocomio en donde, cuenta ella, el olor a heces fecales y vómito, era insoportable. De vez en vez, un médico se acercaba para preguntarle la causa de su estadía en ése lugar y se retiraba sin que alguien pudiera canalizarla a un área específica. El dolor se hacía cada vez más insoportable mientras médicos y enfermeras, hacían como que no le escuchaban; no era la única paciente en esas condiciones. Un joven que había recibido una puñalada en un brazo, permaneció cerca de ella, conteniendo la sangre con un trapo sucio, durante toda la noche. Cerca de ahí, en algún cubículo, el personal del Hospital Regional festejaba quién sabe qué cosa. Risas, chistes de mal gusto e indiferencia llenaban el ambiente.
Catorce horas después de haber ingresado, Rosalía por fin es llevada a una camilla; estaba rodeada de otros pacientes que se quejaban constantemente y eran duramente recriminados por los que, se suponen, están ahí para hacer menos doloroso el sufrimiento de los ciudadanos. La pesadilla de Rosalía vendría después: una presunta doctora, se acercó a la camilla donde reposaba y, con violencia inaudita, arrancó de su mano las agujas conductoras del suero que le habían administrado. “¡Apúrate chamaca pendeja, que nos ganan el quirófano!”, urgió a la paciente.
Ésta protestó; no le habían dado un diagnóstico de su enfermedad y además, es menor de edad. En ese caso, ningún familiar había sido enterado de la determinación que irresponsablemente había tomado la médico de someterla a una intervención quirúrgica. ¡En manos de quién están los pacientes que llegan al Hospital Regional, por Dios! Ellos determinan qué hacer sin consultar a los familiares. Aparte de eso, utilizan un lenguaje procaz, vulgar y violento. ¿De qué iba la imbécil doctora a operar a una paciente a quien no habían diagnosticado enfermedad alguna? Disculpe Usted el término, pero indigna ese tipo de acciones. Indigna porque ahí, en el Regional, se acabó la ética, se acabó el humanismo, hacen del juramento hipocrático, un recipiente de excremento.
Pero eso no es todo: durante los tres días que Rosalía permaneció en ése lugar de muerte irresponsable, vió cómo otro médico trató a una mujer que recién había perdido dos dedos en un accidente casero. Un familiar de ésta llevaba envuelto en una manta los dedos que se había cercenado la víctima, con la esperanza que se los volvieran a pegar en la mano. Furibundo, el doctorcete, tras pegar una regañada a la víctima y su familiar, tomó los dedos de ésta y sin la menor consideración, los lanzó a un recipiente para basura. ¡Por favor! Concedamos que era imposible una cirugía reconstructiva, pero no aceptemos que los haya desechado como cualquier objeto a la basura. ¿Dónde está la ética de ése carnicero? ¿Dónde la educación? ¿Dónde el humanismo? Me contó también que tras la cortina de la cama de al lado, estaba una mujer quejumbrosa; una enfermera llegó para recriminarle sus quejidos y alcanzó a escuchar el golpe que recibió por parte de la enfermera para que guardase silencio. Indignante, muy indignante.
Desconozco quién esté de director de ese maldito lugar. Pero creo que éste debe renunciar cuanto antes y quien le sustituya, obligado debe llegar a expulsar de ese nosocomio al personal que lo ha convertido en un lugar de tortura y humillación. No podemos admitir que un lugar que se supone, es para mitigar el dolor de la gente, sirva para cometer violentos actos de injusticia que vulneran a la sociedad como tal y ponen los derechos de ésta, en tela de juicio. Ruego al gobernador del Estado, Juan Sabines Guerrero, intervenga personalmente y exija a su secretario de Salud, una investigación a fondo del actuar de los que ahí laboran, pues resulta una grave violación al derecho a la salud, el que los pacientes sean tratados como animales y no como seres humanos. Creo firmemente en la buena fe y voluntad del mandatario para hacer que las cosas en Chiapas cambien para el bien de todos. A su generosidad me atengo –y se atiene el pueblo de Chiapas– para que además de poner fin a la tortura en el Hospital Regional, se lleve a los tribunales a los responsables de tales acciones. Estaremos profundamente agradecidos con el mandatario chiapaneco, si por su conducto, se lleva humanismo, trato amable y justicia a los enfermos que llegan a ése Hospital.
Tarjetero
*** Arriaga era una ciudad comercial en auge; la autopista para Tapachula, la aisló y empezó a ser una ciudad semiparalizada comercialmente. Cosas de la modernidad. Lo único que le queda de vida, es su Mercado Central, a donde confluye la sociedad de la región. Pero ahora, corre el riesgo de quedarse sin su mercado; resulta que el alcalde ha determinado trasladar ese centro de abastos hasta fuera de la ciudad, a un terreno propiedad de un compadre suyo, ubicado a decenas de metros de la parte más alejada del libramiento que rodea la ciudad. Craso error, pues con ello, mataría de una vez la movilidad citadina. Lo grave es que hasta hoy, es incierta la transacción del predio, pues no hay ningún indicio de compra-venta, lo que indica que pretenden hacer del Mercado Público, una especie de centro comercial privado, en beneficio del compadrito en mención. Y si en caso que hubiese sido adquirido el predio, estarían matando a la ciudad y de todas formas, beneficiando a un personaje que solo pretende hacerse millonario. Esperemos que alguna autoridad investigue a fondo el asunto. *** Luego nos leemos.
http://ksheratto.blogspot.com
ksheratto@hotmail.com
ksheratto@gmail.com
Carnicería Regional
Aunque la mayoría lo conoce como “Hospital Regional”, los pacientes que han tenido el infortunio de caer en ése lugar le llaman “Carnicería Regional”, debido al mal trato del que son objeto por parte de médicos y enfermeras, cuya deshumanización toca claramente los extremos de la criminalidad, sin que ninguna autoridad intervenga para por fin, dar trato digno y humano a los pacientes. Rosalía (el nombre real ha sido cambiado para protegerla de posibles represalias) llegó al Hospital Regional de Tuxtla Gutiérrez a consecuencia de un fuerte dolor estomacal y afectada de una posible colitis nerviosa. La primer noche la pasó sentada en una desvencijada silla en los pasillos del nosocomio en donde, cuenta ella, el olor a heces fecales y vómito, era insoportable. De vez en vez, un médico se acercaba para preguntarle la causa de su estadía en ése lugar y se retiraba sin que alguien pudiera canalizarla a un área específica. El dolor se hacía cada vez más insoportable mientras médicos y enfermeras, hacían como que no le escuchaban; no era la única paciente en esas condiciones. Un joven que había recibido una puñalada en un brazo, permaneció cerca de ella, conteniendo la sangre con un trapo sucio, durante toda la noche. Cerca de ahí, en algún cubículo, el personal del Hospital Regional festejaba quién sabe qué cosa. Risas, chistes de mal gusto e indiferencia llenaban el ambiente.
Catorce horas después de haber ingresado, Rosalía por fin es llevada a una camilla; estaba rodeada de otros pacientes que se quejaban constantemente y eran duramente recriminados por los que, se suponen, están ahí para hacer menos doloroso el sufrimiento de los ciudadanos. La pesadilla de Rosalía vendría después: una presunta doctora, se acercó a la camilla donde reposaba y, con violencia inaudita, arrancó de su mano las agujas conductoras del suero que le habían administrado. “¡Apúrate chamaca pendeja, que nos ganan el quirófano!”, urgió a la paciente.
Ésta protestó; no le habían dado un diagnóstico de su enfermedad y además, es menor de edad. En ese caso, ningún familiar había sido enterado de la determinación que irresponsablemente había tomado la médico de someterla a una intervención quirúrgica. ¡En manos de quién están los pacientes que llegan al Hospital Regional, por Dios! Ellos determinan qué hacer sin consultar a los familiares. Aparte de eso, utilizan un lenguaje procaz, vulgar y violento. ¿De qué iba la imbécil doctora a operar a una paciente a quien no habían diagnosticado enfermedad alguna? Disculpe Usted el término, pero indigna ese tipo de acciones. Indigna porque ahí, en el Regional, se acabó la ética, se acabó el humanismo, hacen del juramento hipocrático, un recipiente de excremento.
Pero eso no es todo: durante los tres días que Rosalía permaneció en ése lugar de muerte irresponsable, vió cómo otro médico trató a una mujer que recién había perdido dos dedos en un accidente casero. Un familiar de ésta llevaba envuelto en una manta los dedos que se había cercenado la víctima, con la esperanza que se los volvieran a pegar en la mano. Furibundo, el doctorcete, tras pegar una regañada a la víctima y su familiar, tomó los dedos de ésta y sin la menor consideración, los lanzó a un recipiente para basura. ¡Por favor! Concedamos que era imposible una cirugía reconstructiva, pero no aceptemos que los haya desechado como cualquier objeto a la basura. ¿Dónde está la ética de ése carnicero? ¿Dónde la educación? ¿Dónde el humanismo? Me contó también que tras la cortina de la cama de al lado, estaba una mujer quejumbrosa; una enfermera llegó para recriminarle sus quejidos y alcanzó a escuchar el golpe que recibió por parte de la enfermera para que guardase silencio. Indignante, muy indignante.
Desconozco quién esté de director de ese maldito lugar. Pero creo que éste debe renunciar cuanto antes y quien le sustituya, obligado debe llegar a expulsar de ese nosocomio al personal que lo ha convertido en un lugar de tortura y humillación. No podemos admitir que un lugar que se supone, es para mitigar el dolor de la gente, sirva para cometer violentos actos de injusticia que vulneran a la sociedad como tal y ponen los derechos de ésta, en tela de juicio. Ruego al gobernador del Estado, Juan Sabines Guerrero, intervenga personalmente y exija a su secretario de Salud, una investigación a fondo del actuar de los que ahí laboran, pues resulta una grave violación al derecho a la salud, el que los pacientes sean tratados como animales y no como seres humanos. Creo firmemente en la buena fe y voluntad del mandatario para hacer que las cosas en Chiapas cambien para el bien de todos. A su generosidad me atengo –y se atiene el pueblo de Chiapas– para que además de poner fin a la tortura en el Hospital Regional, se lleve a los tribunales a los responsables de tales acciones. Estaremos profundamente agradecidos con el mandatario chiapaneco, si por su conducto, se lleva humanismo, trato amable y justicia a los enfermos que llegan a ése Hospital.
Tarjetero
*** Arriaga era una ciudad comercial en auge; la autopista para Tapachula, la aisló y empezó a ser una ciudad semiparalizada comercialmente. Cosas de la modernidad. Lo único que le queda de vida, es su Mercado Central, a donde confluye la sociedad de la región. Pero ahora, corre el riesgo de quedarse sin su mercado; resulta que el alcalde ha determinado trasladar ese centro de abastos hasta fuera de la ciudad, a un terreno propiedad de un compadre suyo, ubicado a decenas de metros de la parte más alejada del libramiento que rodea la ciudad. Craso error, pues con ello, mataría de una vez la movilidad citadina. Lo grave es que hasta hoy, es incierta la transacción del predio, pues no hay ningún indicio de compra-venta, lo que indica que pretenden hacer del Mercado Público, una especie de centro comercial privado, en beneficio del compadrito en mención. Y si en caso que hubiese sido adquirido el predio, estarían matando a la ciudad y de todas formas, beneficiando a un personaje que solo pretende hacerse millonario. Esperemos que alguna autoridad investigue a fondo el asunto. *** Luego nos leemos.
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