A mi madre muerta
Poesía

Han pasado doce años desde aquella,
tan triste y dolorosa despedida.
Doce muy largos años sin la estrella,
sin la estrella de amor que iluminó mi vida.
¡Como he sufrido madre por tu ausencia!
Con un dolor callado y tan profundo,
Tan pesada se ha vuelto mi existencia,
Que me cuesta en verdad seguir el rumbo.
Nada es igual desde que tú te fuiste,
Aunque hoy me favorezca bien la suerte.
¿Quién me podrá querer, cual me quisiste?
¿Quién ha de consolarme de tu muerte?
¿Quién velará mi sueño, como a un niño?
¿Quién le dará a mis penas, un consuelo?
¿Quién ha de reprenderme con cariño?
¡Solo tú madre mía desde el cielo!
Han pasado doce años y no entiendo,
No alcanzo a comprender, ¿por qué te fuiste?
Miserable de mí, sigo sufriendo;
¡Esperando el momento de seguirte!
Autor: José Luís Espinosa Paz
Publicado el 9 de mayo del 2001
Huixtla, Chiapas, México
Madre mía
¿Para qué hacerte una rima,
madre de mi corazón?
¡Tu solo nombre es poesía!
¡Tu solo nombre es canción!
¿Qué falta te hace que escriba,
que eres lo que más adoro?
Si tú sabes, madre mía;
¡Que eres mi mayor tesoro!
¿Cómo en tan escasas líneas,
podría decir, lo que siento?
¿Resumir toda una vida,
en diez o veinte cuartetos?
Por eso, madre querida,
Con respeto y devoción;
Para ti, solo estas líneas
Que inconclusas dejo yo…
Pues a mi, nadie me quita,
Que para loar tu amor;
¡Son poca cosa mis rimas,
mi poesía y mi canción!
* Con todo mi amor para mi madre, señora Dolores Paz Córdova (QEPD), fallecida el día 13 de febrero de 1987. Los primeros 3 cuartetos fueron escritos en mayo de 1986, los 2 siguientes el día 10 de octubre de 1991.
Autor: José Luís Espinosa Paz
Huixtla, Chiapas, México
Otros escritos
De la cigüeña a los niños de probeta* Especial Dia del Niño
En el pasado, los niños venían de Francia; de Paris para ser más exactos y eran entregados a domicilio por la mitológica cigüeña: volátil zancuda y de albo plumaje que en la actualidad ha sido vista en la mala compañía de algunas aves de rapiña y carroñeras, compartiendo con estas los desechos encontrados en los basureros de las grandes ciudades.
Se le ha visto también con frecuencia en los ranchos ganaderos de ciertas regiones, donde ha decir de los expertos se desempeña como eficaz agente de limpieza, gracias a su habilidad y destreza para mantener a los semovientes libres de las molestas garrapatas y otros bichos.
La razón de esta diversificación en sus costumbres, estriba en que como a muchos, le ha afectado también la crisis mundial de la falta de empleo, ya que debido a la modernidad en el servicio de entrega de bebés, su ocupación original ha caído en desuso.
Con el vertiginoso crecimiento de la ciencia y la tecnología, estas míticas aves han sido desplazadas del lugar que ocupaban anteriormente dentro de la milenaria industria de los nacimientos (no hay que olvidar que probablemente fueron las primeras en instituir una especie de servicio de paquetería con entrega a domicilio) y obligadas a buscar refugio en recónditos e ignotos lugares a los cuales el avasallamiento tecnológico no ha logrado conquistar en plenitud o en los que el gusto o el aprecio por los servicios de tan esbeltas y larguiruchas mensajeras no ha pasado de moda; tan avanzada esta la ciencia que ahora, prácticamente quien lo desee (si tiene el dinero suficiente para pagarlo, claro) puede ordenar a su bebé con las modernas compañías especializadas en estos y seguir paso a paso la evolución del producto desde el inicio hasta la terminación y entrega del mismo, sin que para esto el ave zancuda tenga que meter para nada su largo pico. Otro peligro que amenaza con sepultar, de una vez y para siempre el recuerdo de sus mejores días, es el sorprendente logro científico de la clonación, que si bien todavía no se realiza en seres humanos por más motivos moralistas que científicos, no tardará mucho en ser completamente aceptada.
Sin embargo, pese a todas estas opciones y facilidades para pedir a los niños (suponiendo de nuevo que se puedan cubrir los costos) existe un gran número de personas que los siguen requiriendo a la usanza antigua; es decir, de la manera tradicional: Basta la unión de los principales interesados, más una muy elevada dosis de paciencia y amorosa espera, para que en un lapso de tiempo, comprendido entre 7 a 9 meses, lo reciban en la comodidad de su hogar y sin ningún cargo extra por la entrega de la cual se encarga la fenomenal ave picuda.
Y si bien ahora, en nuestros días, los niños se surten por encargo y gusto del cliente en cuanto a tamaño, color, sexo y demás características requeridas; sobrevive una débil esperanza de que la mitológica cigüeña, para beneplácito de quienes amamos a los niños, continúe haciendo su trabajo.
¡Feliz Día del Niño!
Autor: José Luís Espinosa Paz
Escrito el 30 de Abril del 2002.
Huixtla, Chiapas, México
A los niños del mundo
A esos niños, descalzos de mi pueblo,
A los de la barriada… A los desposeídos,
A ellos, les canto en aras del recuerdo;
De saber que una vez también fui un niño
Fui niño alguna vez, igual que ustedes
Y algo tengo de niño, todavía
Que olvidando un momento mis quehaceres
Les quise componer esta poesía
Fui niño, niño pobre y se lo digo,
Con garbo, al que pregunte por mi vida;
No es delito ser pobre, ni un castigo,
Que se deba sufrir por voluntad divina
Mucho tiene de culpa y no es mentira,
La injusta sociedad que nos gobierna,
Que mutila, que roba y que aniquila,
¡Al hombre en general, desde su edad más tierna!
Por eso, a la esperanza de la tierra…
A los niños que lloran de hambre y frío…
Que hoy sufren los horrores de la guerra…
¡En su día y por siempre los bendigo!
Autor: José Luís Espinosa Paz
Escrito el 30 de abril de 1992
Huixtla, Chiapas, México
Olvido
He pasado tanto tiempo sin mirarte,
Sin hablarte, sin oír tu voz…
¡Que no puedo decirte en que momento,
te comenzó a olvidar mi corazón!
Has estado tanto tiempo tan distante,
Que el eco de tu risa se apagó,
Tu imagen que en mi alma dibujaste;
¡El polvo del olvido la cubrió!
He guardado tus libros, tu retrato,
He quemado tus cartas, no hay razón,
Para que siga fiel a tu recuerdo,
Si hace ya tantos años de tu adiós,
Y el tiempo y la distancia se encargaron…
¡De borrar lo que hubo entre los dos!
Autor: José Luís Espinosa Paz
Publicado el 8 de enero de 1986
Huixtla, Chiapas, México
Mar Traicionero
Era la tercera ocasión que lo encontraba, solo, como siempre concentrado en sus recuerdos, con la mirada fija en el horizonte, como si esperara a alguien que debía llegar a través del océano.
Me gustó ese lugar y estaba verdaderamente agradecido con el amigo que me lo recomendó; era una hermosa playa de blanquísima arena, flanqueada por un pequeño acantilado y abundante vegetación tropical.
Se podía llegar a ella fácilmente a pie, a través de un agradable sendero que bajaba directamente del estacionamiento del pequeño hotel de verano, donde me encontraba disfrutando de una merecida semana de vacaciones.
Como todos los días desde mi llegada, encontré al misterioso personaje, sentado sobre la misma piedra en que lo vi por primera vez.
Lo abordé aquella tarde y, aunque al principio se mostró reacio al diálogo, finalmente me abrió su corazón; pude así, conocer su dramática experiencia:
“Hace ya algunos años --comenzó su relato mientras de manera nerviosa, arrojaba piedrecillas y guijarros contra las olas que llegaban a sus pies--, vine a este lugar a veranear en compañía de mi esposa y mis dos hijos adolescentes. Una tarde, cuando la marea estaba en su punto más alto, mis muchachos y yo decidimos darnos el último chapuzón del día, antes de irnos a descansar a la cabaña. Todo pasó muy rápido, uno de mis hijos desapareció entre las olas, sin que yo pudiera hacer algo por evitarlo. Lo buscamos infructuosamente durante dos semanas, con la esperanza de encontrar al menos su cadáver. Han pasado ya diez años y en todos ellos, he venido todas las veces posibles y me quedo aquí en el mismo sitio en que el mar me lo arrebató, con la esperanza de que un día, también me lo devuelva”.
Cuando dejó de hablar, tenía el rostro mojado por las lágrimas, y se quedó nuevamente quieto, con la mirada fija, escudriñando el horizonte.
Al morir la tarde, lo vi alejarse caminando lentamente y no quise profanar aquella silenciosa despedida, con la piadosa ilusión, de que al haberme contado su tragedia, se había aligerado en alguna manera el agobiante peso de su dolor.
Autor: José Luís Espinosa Paz
Publicado el 1 de Marzo del 2001
Huixtla, Chiapas, México
No quiero encontrarte
No, no quiero encontrarte…
No en esta noche
Cuando el desencanto me circunda el alma…
Cuando la amargura me corre por las venas…
No, no quiero encontrarte;
¡No quiero hacerte daño con mis penas!
No, no quiero encontrarte…
Para volcar en ti mis sufrimientos,
Para hacerte sentir lo que yo siento,
Y arrastrarte conmigo hacia mi sima,
No, hasta que amaine un poco;
¡La tormenta interior que me asesina!
No, no quiero encontrarte…
No cuando en mis palabras hay veneno,
No cuando anida en mí rabia tan grande,
No, cuando loco estoy en desenfreno;
No, no quiero encontrarte,
¡Si no se controlar mis sentimientos!
No, no quiero encontrarte…
Tal vez será mañana u otro día…
Cuando ya sosegado y más tranquilo,
Pueda darte lo bueno de mi vida;
Cuando ya mis fantasmas se hayan ido,
Y libre el corazón, si pueda amarte,
Hasta entonces… para no lastimarte;
¡No, no quiero encontrarte!
José Luís Espinosa Paz
Publicado el 27 de Agosto del 2001.
Huixtla, Chiapas, México
Arbol viejo
A mi padre
Aquel árbol…
Que regó sus semillas sin reservas…
Aquel árbol,
Que nunca echó raíces en la tierra.
Arbol andante, caminante árbol,
Sediento de otras aguas, árbol inquieto,
¡Refugio de mil nidos del recuerdo!
Aquel árbol…
Madera de setenta abriles,
Copa de viejo roble coronada,
Con aureola de escarchas invernales;
No gimes, no te quejas, no haces nada,
No temes a aluviones o al estiaje,
Antes, con garbo, afirmas tu ramaje,
¡Impaciente quizá, por continuar tu viaje!
Arbol, inquebrantable roble altivo,
Tus razones tendrás, de ser como eres,
Yo te conozco bien y hasta te admiro;
Jamás quisiste amarrarte al suelo,
De no ser árbol, pájaro hubieras sido,
¡Que enorme es tu ansiedad a echar el vuelo!
¡Ah! Pero el tiempo pasa y no perdona;
Arbol de muchas ramas, jungla de hojas,
Arbol que fuiste nido y nunca hiciste,
Nido en ningún lugar y cuya sombra,
Se empieza a deshojar junto a tu aurora,
Ha llegado el otoño de tus días;
¡Como me duele ver, la tarde de tu vida!
Arbol cuyas raíces hoy se aferran,
A pedazos de tierra repartidos,
En un inmenso campo roturado,
No es posible que juntes lo esparcido,
De tu enorme cimiente por la tierra,
No tienes tiempo a desandar lo andado,
¡Ni volver a vivir lo ya vivido!
Autor: José Luís Espinosa Paz
Publicado el 30 de Julio del 2001
Metamorfosis II
Un día sin querer cerré los ojos,
Quise ignorar la realidad un poco,
Me sumergí en un mundo fantasioso,
Me embarque en la aventura como un loco.
Navegue de la vida, por los mares,
Sin cuidar el timón, sin rumbo fijo,
Enfrenté sin temor mil tempestades,
Y descendí hasta el fondo del abismo.
Pero en la vida siempre, todo pasa,
Todo se acaba, todo se termina;
Mi cansado galeón ha vuelto a casa,
Y ha vuelto el corazón a su rutina.
Ya no navego con la vela libre,
Pasó mi juventud y hoy sosegado,
Surco la mar, buscando tierra firme,
Dejando la aventura en el pasado.
Ya no sigo corrientes traicioneras,
Pues tiene ya mi nave un rumbo fijo,
Es un muelle seguro en que me espera,
¡El amor de mi esposa y de mis hijos!
Autor: José Luís Espinosa Paz
Publicado el 7 de mayo del 2001.
Huixtla, Chiapas, México
La mesa macabra
* Sucedió en Huixtla, pero pudo haber sucedido en cualquier parte del mundo
De solteros, Manuel y yo éramos inseparables, “uña y carne” dirían algunos.
Ebanista de profesión, mi amigo se esmeraba aquella tarde en terminar lo mas pronto posible, la fabricación de una mesa, que según supe después, tendría características y usos muy especiales.
Hacía un calor insoportable y como todo los sábados, llegué en busca de quien en francachelas y parrandas siempre fue mi copiloto. Era sábado, repito y por ley, tendríamos que “echarnos las de rigor”.
Lo encontré así, sudando a mares, batallando por poner en su lugar una pata del mencionado mueble, que por un error del ayudante (eso dijo él) había quedado un poco floja.
- Métele un par de clavos, resánala y ya vámonos - le dije - de lo contrario, no vamos a alcanzar el primer caldo.
- El problema es - me dijo en tono de seriedad - que este condenado armastote no debe llevar ni un solo clavo.
- ¿Una mesa sin clavos? - inquirí sorprendido.
- Si - respondió nuevamente - es un trabajo especial, me la encargaron para un brujo del rumbo de Tuzantán; es para “curar” y “hacer limpias”
- Mira - afirmé burlonamente - en cuestiones de “trinquetes” no hay quien te gane, con unos clavos sin cabeza, resanada y barnizada como solo tú sabes hacerlo, se necesitará más de un brujo para hallar “el detalle”.
Urgido por el afán de irnos de juerga, mi amigo terminó aceptando mi sugerencia y en menos que se los cuento, quedó aquella mesa tan erguida y formal, que bien podía haber cargado a un elefante y lo mejor de todo, sin huellas aparentes de que había sido fijada con metal alguno.
Esa tarde, nos corrimos nuestra acostumbrada parranda y no volvimos a vernos, sino hasta el miércoles siguiente, en que lo encontré de nuevo batallando con la mesa en cuestión. Sorprendido ante lo que consideré un hecho insólito, le pregunté sobre el asunto, he aquí su respuesta:
- Me la regresaron hoy en la mañana - contestó con aire sombrío - este curandero “trabaja” martes y viernes y a decir de los que me contrataron, juran y perjuran, que por más que lo intentó no pudo entrar en “transe”.
- Todo esto es muy raro - le expresé extrañado - pues por la forma en que la trabajaste, ni un experto notaria el engaño.
Para resolver el problema, mi amigo se vio precisado a cambiar la pata completa del dichoso mueble, ensamblándola a presión y con pegamento solamente, tal y como se lo habían exigido sus tenebrosos clientes.
En nuestros encuentros siguientes, el episodio de la mesa sin clavos, fue plática obligada y solo la dejamos en el olvido, cuando se me ocurrió decirle en son de broma, que el asunto no tenía nada de extraordinario, ya que a lo mejor, el dichoso “brujo” contaba con un aparato detector de metales.
La única secuela de este oscuro pasaje, fue que mi amigo “Nelo” (así le llamábamos sus más allegados) sufrió en las siguientes semanas, de un sueño recurrente; una horrible pesadilla en la cual se veía perseguido por un ente demoníaco de cuyas babeantes fauces le arrojaba enormes clavos ardientes que al hundírsele en el cuerpo le causaban enorme dolor.
Autor: José Luís Espinosa Paz
Publicado el 27 de Febrero del 2001
Huixtla, Chiapas, México
El Libro de Los Proverbios
Quise aprender la ciencia de la vida,
Y así leí volúmenes soberbios,
Pude haberme evitado la fatiga,
Si ya todo esta escrito en los proverbios.
Principio de la real sabiduría:
“Es el temor a Dios” Lo dice claro,
Creer que somos sabios ¿Qué valdría?
¡Cuando se vive inmerso en el pecado!
Me grabé estos preceptos: la obediencia,
La humildad, la pureza, la cordura,
Quien le obedece a Dios, tiene más ciencia,
Que quien sigue del mundo, su locura.
No le robes al pobre, no condenes
Tu existencia a sufrir por la avaricia,
Antes, da con amor de lo que tienes,
Que aborrece el señor toda injusticia.
¡Cuanta sabiduría, el libro encierra!
Que es sin duda un regalo del ETERNO,
Con el fin que sus hijos en la tierra,
¡Busquemos la verdad en LOS PROVERBIOS!
Escrito por José Luís Espinosa Paz
Huixtla, Chiapas. 20 de Abril del 2001
Lamentaciones
(Rimas)
¡Ah! Las calles de mi pueblo, tan resquebrajadas…

Promontorios de basura en las esquinas,

Y en el centro y las orillas, en subidas y bajadas
¡Como lucen primorosas sus cantinas!

Unos dos mil triciclos (cuando menos)

Circulando por todos los sentidos,
Con una vialidad en desenfreno,
De la Zeta a la A, todo invertido
Yo quisiera cantarle a la hermosura,
De tus bellos jardines y alameda,
Más debo confesar con amargura,
¡De tus cosas bonitas poco queda!
Se ha perdido el respeto y la decencia,
Globalizante el caos, hoy nos absorta,
El progreso sin rumbo y sin conciencia,
No pare cosas buenas… ¡Las aborta!
Me retiro con esto y me disculpo,
No ha sido mi intención herir a nadie,
Lo que escribo es verdad, no hay nada oculto,
Aunque quizá a algunos… no les cuadre.
Autor: José Luís Espinosa Paz
Fue escrita el 21 de febrero del 2001.
¿Nota usted el cambio?
Sobre mojado
Llueve…
Sobre el suelo mojado, llueve y llueve…
Sigue lloviendo a cántaros (pan de lo mismo)
La maldita costumbre de las vanas promesas,
La simulación y el engaño…
Preocupa lo que dijo el Presidente:
“Ya no hay pobres en México”.
Quizá escucharon mal, o pienso:
¿Hablará de otro México Don Chente?
Por aquí no pasó el censo…
Jamás nos han contado que yo sepa…
Ya no formamos parte del recuento…
¿Estaremos ya muertos?...
Rulfo, ¿cuándo escribiste esta nueva novela?
El llano sigue en llamas… arde el campo…
¿Cuándo nos incluiste en el cuento?
Igual que en tu novela el campo arde…
¡Ni todo este aguajal puede apagarlo!
Allá abajo, en el pueblo todo es calma,
Nunca sucede nada, todo marcha…
Mientras tengan segura la pitanza…
Hasta los tundemáquinas se callan…
Aquí en la Sierra esta el peligro…
Aquí la nublazón sigue avanzando…
Ya es mucha el agua, esta creciendo el río…
Y Pedro Páramo sigue cabalgando…
Vino a ver a los pobres, a los muertos…
A esos que ya no mira el Presidente…
Y se encontró lo mismo que en su tiempo,
¡Abandonado el campo esta a su suerte!
¡Que distinta visión la que tenemos!
Cuando hasta un diputado azul, ex Presidente,
Afirma que los pobres somos menos…
¡Amigo, por favor… cambia tus lentes!
Ya no quiero ir al pueblo… tengo miedo…
Ayer hubo otro asalto… hubieron muertos…
Preferible es quedarme junto al fuego…
Morirme al pie del surco… de la milpa…
De este infértil cafeto… que es mi vida…
Me sobra tiempo para rumiar mis penas…
Si continua lloviendo así…
¡Habrá problemas!
* Fue escrito a raíz de unas declaraciones que hizo el entonces Presidente de la República, Vicente Fox Quesada, en el sentido de que durante su Gobierno se había reducido la pobreza en México. Declaraciones que fueron secundadas por un ex diputado huixtleco de extracción panista. El segundo desastre natural se dejó venir en octubre del año 2005. ¿Y el desastre social?...
Poema
Metamorfosis I
Cuando cese el dolor de tu partida,
Cuando no haya un recuerdo de tu paso,
Quizá comience a restañar la herida,
Quizá busque consuelo en otros brazos
Cuando logre escribir canciones nuevas,
Con las que haga vibrar los corazones;
Sabré que terminó la amarga prueba,
Y que han de renacer mis ilusiones
Cuando pueda por fin dormir sereno,
Sin el fantasma cruel de tu recuerdo,
Sin que el pensar en ti me quite el sueño,
Ni añore la tibieza de tu cuerpo:
Podré entonces, sin miedo a los fracasos,
Navegar por los mares de la vida,
Y he de entregarme un día entre los brazos,
De quien me lleve a tierra prometida
En tanto llega el día en que suceda,
Esta metamorfosis que ya añoro,
Ese olvido que rompa mis cadenas,
Esa liberación que tanto lloro…
Yo seguiré girando en torno tuyo,
Como la mariposa tras la hoguera,
Y seguirá enlodándose mi orgullo:
¡Por seguirte queriendo y no me quieras!
Escrito el 19 de enero del 2002
Autor: José Luís Espinosa Paz
Huixtla, Chiapas, México
DE SANGRE AZUL
Cuento
Llegó jadeando, con la cara enrojecida por los efectos del alcohol diariamente ingerido, y también por el esfuerzo realizado en su loca carrera, cuando trataba de escapar de sus perseguidores.
Recobró un poco la compostura, aunque sus pasos vacilantes demostraban sin duda, que un torrente de alcohol le corrían por las venas.
- ¡Ahora sí, indios malamansados!- les gritó a sus contrincantes, un par de borrachines que con pasos inciertos pero con determinación, acortaban la distancia.
Se sintió más seguro; estaba a unos pasos de la puerta de su vivienda y la presencia de algunos vecinos le infundió valor.
- ¡Indios patarrajada! ¡Chamulas! - seguía vociferando mientras recuperaba el aliento y con mano temblorosa hurgaba entre sus bolsillos.
La sarta de denostaciones despectivas que salían de su boca era interminable.
Mi padre y yo contemplábamos la escena a muy corta distancia, decididos a intervenir si las cosas se tornaban peligrosas.
El par de ebrios, lo encararon; le reclamaban su abusivo proceder. En la cantina cercana, se había iniciado el pleito, cuando conforme a su costumbre, Roquefeler los había insultado y humillado, tratándolos de manera soez y altanera, al considerarlos poco menos que animales en tanto que él, se creía de otro nivel, aduciendo, como era güerito, que su origen se remontaba a las clases altas, a una alcurnia elevada, a un rancio abolengo.
Su necia costumbre de insultar a los demás creyéndose de una finura excelsa, le había ocasionado innumerables problemas como este que ahora tenía que enfrentar.
Blandiendo palos de escoba que recogieron en la calle, los agresores se le fueron encima dispuestos a castigar al altanero sujeto, que para su mala fortuna no encontraba la llave de su puerta.
Me levante en ese momento dispuesto a impedir tal acto de barbarie, pero mi padre, me detuvo del brazo indicándome que esperara. Me extrañó de veras esta orden de mi progenitor, pero igual le obedecí dejando correr los acontecimientos.
Una lluvia de palos cayeron sobre la endeble humanidad del insultativo sujeto, alcanzando uno de ellos abrirle en la cabeza una cortada por la que empezó a manar abundantemente la sangre.
- Ahora sí - Dijo mi padre al tiempo que nos lanzamos a rescatar al aporreado sujeto, haciendo huir a sus agresores.
Rato después del incidente, le pregunte a mi padre por qué no habíamos intervenido antes. Con una picara sonrisa dibujada en su cara, me respondió: "Solo quería saber si Roquefeler tenia sangre azul".
Escrito el 21 de enero de 2009
Autor: José Luís Espinosa Paz
Huixtla, Chiapas, México.















0 comentarios:
Publicar un comentario