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martes, 21 de abril de 2009

De buena fuente

México, DF. Abril 20.- Las palabras nos sirven para transmitir ideas y sentimientos, lo cual resulta aún más efectivo si son plasmadas de puño y letra con una pluma fuente hecha también a mano.
Actualmente pocas personas poseen una pluma fuente y, pese a su larga tradición mundial, en México no es una costumbre arraigada.
“En Europa, en la escuela te enseñan a escribir con pluma fuente uno está obligado a escribir con pluma fuente, y aquí no hay esta costumbre”, señaló Jorge Puentes Visaires, director general de la tienda de plumas Mont Blanc en México, una de las más prestigiadas en el mundo.
De acuerdo con expertos, esta herramienta de escritorio es capaz de reflejar la personalidad de quien la utiliza debido a la conexión que se crea entre la pluma y la persona, y por tanto da una expresión más profunda al texto.
“Quien tiene una pluma fuente no la quiere prestar porque el plumón (punta) se acomoda a la forma de escribir, al ángulo, a la velocidad a la que uno escribe”, explicó.
Y es que la punta, denominada plumón o plumín, es el corazón de una pluma de este tipo. El dueño puede escogerla de punto fino, grueso, mediano, extra grueso o especial para firmar documentos.
Una buena pluma se hereda para pasar de una generación a otra, puede ser una herramienta que acumule no sólo una historia personal sino también familiar.
El uso de la pluma fuente, también llamada estilográfica, según los conocedores, se llega a convertir en un estilo de vida, en un toque de elegancia.
Es una realidad que una pluma de este tipo es más costosa que un bolígrafo común, pero la impresión que causa un texto redactado con una estilográfica no es igual.
Además de un diseño exclusivo, una pluma fuente se puede personalizar con el color de la tinta e incluso con el olor que deja al trazar, pues hay tintas con aroma a rosas o sándalo, por ejemplo.
Algunas tiendas de plumas fuente, como Mont Blanc, dan a sus clientes tres meses de prueba para que se acoplen a la estilográfica y que se le vaya adecuando el plumín de acuerdo con la muy personal manera de escribir.
“Las plumas son una cuestión muy personal, deben tener un buen peso, un buen equilibrio. Uno tiene que sentirse cómodo escribiendo”, detalló Jorge Puentes.
Las primeras reseñas históricas de plumas datan del siglo X y las más antiguas que se conservan son del siglo XVIII.
En los años 1850 comenzó una aceleración de patentes y producción de estilográficas. Tres inventos lograron convertirlas en un instrumento popular: el plumín de iridio cubierto de oro, el caucho duro y la tinta fluida.
Se dice que el rumano Petrache Poenaru, estudiante en París, inventó la pluma fuente, la cual fue patentada por el gobierno francés en mayo de 1827.
Para 1920 las plumas se recargaban desatornillando una parte del depósito hueco y añadiendo la tinta con un cuentagotas, un sistema lento y poco pulcro.
En los años 1960, gracias a las mejoras producidas, los bolígrafos comenzaron a dominar el mercado de la escritura. Sin embargo, plumas de cartuchos recargables son comunes en países como Alemania o Francia.
Otras empresas de plumas fuente se dirigen más a un mercado selecto, creando plumas como objetos de lujo.
En la actualidad, las tendencias se centran en plumas estilográficas desechables de vivos colores, con precios accesibles y con el sistema de cartuchos de plástico como método de relleno. (Retomado del periódico Excélsior)

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